Noche calurosa de verano y plan para todos los colegas. Los chicos apuestan por las cervezas y el futbolín, mientras que las chicas se decantan por los coloridos cócteles veraniegos. Todos ocupan un pub. Las ruidosas carcajadas y los insultos masculinos entierran las risas superficiales de las féminas.
Ya no hay más dinero para partidas y siguen con ganas de jugar. Con descaro se acercan a ellas, que les siguen el juego. Saltan chispas, picardía, locura, calor... Entonces él se fija en ella: misteriosa, silenciosa. Sus miradas se cruzan, se esquivan e inmediatamente se vuelven a mirar, dirigiéndose una sonrisa cómplice que sólo ellos viven. No escuchan a los demás. Una burbuja los encierra pero no quieren salir de ahí.
Con la escusa más tonta se escabullen del grupo. Las risas no cesan hasta que llegan a la orilla. Guiños, carreras, saltos, abrazos, una caída y un beso. Les da igual estar empapados; se divierten, no quieren parar pero cuando el reloj marca las tres Cenicienta quiere volver a casa para no llegar tarde. Acuerdan verse al día siguiente.
Los pasos quedan marcados en la arena; sin embargo, la magia no se va con ellos, sino que permanece eternamente en ese recóndito lugar de la costa.
MCS
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martes, 28 de junio de 2011
domingo, 26 de junio de 2011
Manda huevos, para un sábado noche que podría estar con Maritere intentando convencerla para comernos las partes genitales; me lo paso en casa de mi tío Fernando cuidando a la pequeña. Bueno, al menos la niña se porta bien, en toda la tarde y lo que llevamos de noche solo he tenido que cambiarla una vez. Yo a su edad llenaba traicioneramente a mi padre de mierda. Ella en cambio con cuatro años ya no usa pañal, eso sí que es un voto de confianza y no el dejar las llaves de casa.
Qué se supone que estoy viendo? Mi prima me dijo que después de la cena dejase a la cría ver una hora de dibujos, ¿es este el canal? “El tres con el uno” me dijo, “el tres con el uno es Disney Channel”. Yo no tendré televisión por cable pero conozco los productos de la factoría Disney, y esto no lo es. ¿Le gustará a la nena esto que estamos viendo? Seguramente si, su pequeña figura sentada sobre el blanco inmaculado del sofá y sus ojos abiertos como platos no muestran signos de actividad cerebral. Aunque también lleva puesto un pijama de Charmander y dudo mucho que sepa de la existencia de los Pokémon, a lo mejor ella es más de Squiertel o Bulbasaur, o prefiere Digimon. Seguro que su madre lo compró sin preguntar antes. No puedo creer que para una vez que tengo un televisor de ochenta y cinco pulgadas delante este viendo a cuatro soplapollas haciendo gilipolleces; el humor de ahora consiste en gesticular, dar brincos y cantar sobre la virginidad que no han perdido, ¿los niños entenderán la trama? Las películas de Disney que yo veía eran geniales, hechas por personas con talento, las cuales también fueron niños y seguramente sus madres les leyeron los clásicos de la literatura antes de ir a dormir. Y no se la agarraban con papel de fumar. Hicieron películas como Bambi, la cual mostró a mocosos como yo la existencia de la muerte y su indiferente naturaleza. Con los Aristogatos vislumbre una de las escenas más calentorras del cine, nunca olvidaré al tío Wualdo, todo mamado, siendo llevado a cuestas entre sus dos sobrinitas, las cuales hacían risitas a los pellizcos lascivos que su tío les propinaba en la pompa. Semejante perversión y genialidad sería imposible de concebir hoy en día, como tampoco creo que los niños conozcan la versión de caperuza roja que me leyó mi madre. Para mí la abuelita y la tierna chiquilla fueron devoradas y masticadas por el fiero lobo, nada de esa mariconada de tragárselas vivas, y luego fueron digeridas y cagadas; y en todo caso la aparición del cazador se limitó a llegar y pisar la mierda. Ahora los libros de cuento son de tres líneas por página y el resto dibujos.
Mi prima me dijo que la acostase a las 21:00 y ya son las 22:25, paso prefiero no enemistarme con la criatura. Angelica que tímida es, lo que me ha costado hacer que se moviese para ir a cenar. No me extraña, sabe que este piso tan bonito es de mi tío Fernando, su abuelo, y que mi prima Nuria es su mamá; y que la razón de que ninguno de ellos este hoy aquí es porque han ido a pasar la noche con el yaio, para ella bisabuelo, que está malito. No sabe quién soy yo, le extraña que este aquí haciendo para ella aquello que es exclusivo de su mamá, y tampoco comprende con que derecho toco las cosas de su abuelo Fernando. Lo lamento hija no es culpa mía que los viejos den tanto follón para morirse. Es lo que toca, jodete cabrón que no me contaste un cuento en tu puta vida. ¿Lamentara la niña tu muerte? Espero que no. Delante mía hay una enorme estantería donde conviven en perfecta paz y armonía el televisor, fotos enmarcadas de tiempos pasados( y que por eso nos parecen mejores), libros que nunca serán leídos, piezas decorativas que quisieron ser arte, y lo más importante setenta y cinco deuvedés todos originales. La mesa de roble sobre la alfombra es mi único obstáculo, fácilmente sorteable.
Hace meses que tengo ganas de ver una película bélica pero no de la segunda guerra mundial, son demasiado propagandísticas, sino del Vietnam. Vietnam tuvo que ser de lo más divertido, siempre que no te matasen ni te mutilaran; las películas sobre Vietnam son los poemas homéricos de las artes gráficas. Podría ver La chupa de chapa, Apocalypse Now, La colina de la hamburguesa, Platoon, y como no Rambo. Al cual no hay que confundir con esa mierda de Desaparecido en combate del pelirrojo ese. La primera tuvo cierta gracia pero ya era de ser demasiado gilipollas el perderse dos veces más en el mismo combate. Lástima que la niña no se duerma, aunque tampoco creo que pasase nada porque viera una peli de guerra. En dos días se le olvidaría lo que ha visto, y además la mierda esta es mucho más traumática qué coño. Me está mirando, ¿quieres algo? Ostias es el móvil, Maritere que oportuno. Me levanto y entonces pasa algo raro, la pequeña se altera y hace un ademán de puchero. El miedo a quedarse sola la hace quererme, pobretica: “tranquila nena me voy al pasillo a hablar por teléfono, así no te molesto mientras ves la tele”. Salgo hacia el pasillo, el resplandor que proviene del comedor es mi única guía, me basta, la luz es a veces demasiado impertinente.
-Maritere, dime.
-Pepe, ¿cómo estás? ¿Oye sabes algo de tu abuelo?
-No, no me han dicho nada. Eso significa que todavía vive.
-¿Cómo está la hija de tu prima?
- Bien no arma follón ni na. Le he dado la cena y ahora estamos viendo la tele.
- Pepe yo ahora no estoy haciendo nada, ¿quieres que me pase?
- Uf, no se Mari. Si no he podido hacerme una paja en el aseo porque me daba cosa con la cría por ahí, el follar ya me resultaría violento.
-¡¿Qué dices subnormal?! Yo digo de ir pa vernos y hablar un rato.
-A bueno, si es pa eso mejor no vengas…..¿Maritere?..................Se ha cortao.
Abandono la oscuridad para arroparme de nuevo en la cálida luz del salón. Encuentro algo que me sorprende, la niña está apoyada sobre sus brazos en el cojín del extremo izquierdo del sofá, el más cercano a la puerta. Me estaba esperando, tenía miedo de que no volviese del pasillo; para los niños el pasillo y su oscuridad es un planeta desconocido, un rio por el cual solo navega Caronte y su soledad. Me mira, no hago nada, ella dirige sus ojos de nuevo al televisor. El programa ha terminado y en breve empezará otro igual de malo, ¿te habrá hablado tu madre de mí? Seguramente no, no me gusta el título de primos segundos. Apago la tele y te cojo en brazos: “vamos a la cama niña, voy a contarte un cuento. Para que el día de mi muerte no te sea indiferente”.
Pepe Aledo Diz.
jueves, 23 de junio de 2011
El espejo
Vivía en una sociedad asquerosa, llena de rolles, de chicas 10, de caderas, pechos y culos perfectos. Ella no estaba nada mal, pero la envidia de las otras le destrozó la vida (y ni se enteró de los esquivos sentimientos de las demás).
Todos los días oía lo mismo:
Come menos, no te cabrá el bikini, no hay modelos con tu talla, ponte a dieta...
Una autoestima tan baja como la suya no podía soportar los falsos consejos de sus camaradas.
Esta triste historia comienza con una dieta. Todas las chicas hacen una dieta alguna vez. Lo malo es que ella no seguía el papel: comía menos de lo indicado.
Pasaba mucha hambre y la voluntad iba desvaneciéndose, pero ella era fuerte y salía a correr, mascaba chicle, se arañaba, gritaba...
Las semanas trascurrían y su dependencia al peso iba en aumento. Sentía asco por ella misma. Su perfil le aterraba; observaba las líneas imaginarias de su vientre. No pudo más y empezó a golpearse la barriga con tanta rabia que acabo exhausta tirada en la cama.
Se había convertido en una pluma indefensa que se iba dirigiendo poco a poco a las profundidades del océano.
Era realmente asqueroso ver sus huesos marcados en la piel. Daba pena; ya no salía; se sentía cansada y sin fuerzas.
Cuando sus amigas iban a verla sólo hablaba de comida y calorías. Éstas se cansaron de visitarla y sus padres no la molestaban porque pensaban que estaba estudiando.
Se sentía muy desamparada, pero había rabia en su interior por todo el mundo: no le hacían caso, la ignoraban, ya no la querían. Sólo jugaban con ella.
Corrió hacia la cocina para comer de todo lo que había: nada le apetecía realmente, pero comer la alivió... hasta que rompió a llorar. La culpa la atormentaba. Todo el esfuerzo había sido en vano. Tenía que volver atrás y encontró la manera de hacerlo.
Encerrada en el baño vomitó todo lo que había engullido. Sin embargo, la pesadez continuaba dentro de ella. Recurrió al laxante del botiquín y su efecto fue inmediato.
Al mirarse al espejo, éste le respondió con que a pesar de todas las soluciones para arreglar el daño, éste se reflejaba en su vientre.
Su imagen la llevó a la desesperación y tras dar un fuerte golpe en el espejo, cayó despavorida con la mano empapada en sangre.
Y todo por culpa de una repugnante sociedad que se basa en unos modelos físicos y de conducta.
Mª Ángeles Cruz Solana
Todos los días oía lo mismo:
Come menos, no te cabrá el bikini, no hay modelos con tu talla, ponte a dieta...
Una autoestima tan baja como la suya no podía soportar los falsos consejos de sus camaradas.
Esta triste historia comienza con una dieta. Todas las chicas hacen una dieta alguna vez. Lo malo es que ella no seguía el papel: comía menos de lo indicado.
Pasaba mucha hambre y la voluntad iba desvaneciéndose, pero ella era fuerte y salía a correr, mascaba chicle, se arañaba, gritaba...
Las semanas trascurrían y su dependencia al peso iba en aumento. Sentía asco por ella misma. Su perfil le aterraba; observaba las líneas imaginarias de su vientre. No pudo más y empezó a golpearse la barriga con tanta rabia que acabo exhausta tirada en la cama.
Se había convertido en una pluma indefensa que se iba dirigiendo poco a poco a las profundidades del océano.
Era realmente asqueroso ver sus huesos marcados en la piel. Daba pena; ya no salía; se sentía cansada y sin fuerzas.
Cuando sus amigas iban a verla sólo hablaba de comida y calorías. Éstas se cansaron de visitarla y sus padres no la molestaban porque pensaban que estaba estudiando.
Se sentía muy desamparada, pero había rabia en su interior por todo el mundo: no le hacían caso, la ignoraban, ya no la querían. Sólo jugaban con ella.
Corrió hacia la cocina para comer de todo lo que había: nada le apetecía realmente, pero comer la alivió... hasta que rompió a llorar. La culpa la atormentaba. Todo el esfuerzo había sido en vano. Tenía que volver atrás y encontró la manera de hacerlo.
Encerrada en el baño vomitó todo lo que había engullido. Sin embargo, la pesadez continuaba dentro de ella. Recurrió al laxante del botiquín y su efecto fue inmediato.
Al mirarse al espejo, éste le respondió con que a pesar de todas las soluciones para arreglar el daño, éste se reflejaba en su vientre.
Su imagen la llevó a la desesperación y tras dar un fuerte golpe en el espejo, cayó despavorida con la mano empapada en sangre.
Y todo por culpa de una repugnante sociedad que se basa en unos modelos físicos y de conducta.
Mª Ángeles Cruz Solana
domingo, 19 de junio de 2011
Camino hacia la eternidad
Viajemos juntos hacia la eternidad. Hacia aquellos lugares de los cuales nadie conoce. Viaja conmigo, sirena marinera. Si viajamos en barco no será muy difícil perdernos ante la inmensidad. Cierra los ojos e imagina que es un sueño. Ábrelos cuando sea de noche, cuando te cante tu nana preferida significará que la noche nos acompaña en nuestro viaje, pero aún no, que es de día. El sol debe dejar de mirar si queremos emprender nuestro viaje ya que seguramente le dará envidia vernos marchar. Mientras no me oiga susurrar a tu lado no habrá ningún problema. El sol es el dueño de la mentira y de la codicia, tu hermana te protege de los males, la noche convierte la materia inerte en viva mediante la magia.
Al pasar la luna sobre nosotros convierte las sombras en fantasía. Mi leve cuerpo sediento de gloria abre sus alas al aire y mi suelo se hace ceniza al tenderme sobre toda armonía presente a mi alrededor. Mi compañera se estira como yo la enseñé, la luna la da poder para caminar sobre un manto de niebla, sin suelo ni lumbres que se enciendan.
Así me encuentro, sombra que me airea los pasos de la nada. Ella va directa hacia sus aposentos en el reino de la ausencia, allá, sola frente a la inmensidad. Y yo que la sigo, para que no se pierda y para ocultarla del sol, sólo cuando aparezca. Mientras tanto no la entretengo, ahora que ella es la reina de la oscuridad, caminaré a su lado hacia la eternidad.
viernes, 17 de junio de 2011
puff!
Y te ríes por no llorar. Porque a veces un fallo tuyo puede hacer que se vaya todo la mierda. Un fallo, que tu te lo tomas como broma y la otra persona se lo toma a pecho. Un fallo que te echa las cosas en cara, y te escupe a pesar de siempre haber apoyado en todo.
Tal vez me suene tu cara, pero cuando te vea por la calle pasaré de largo. Tú me has roto, pero también es verdad que me vuelves a arreglar. Pero ya no quiero más reparaciones de tu parte, me cansas, me odias, aunque digas que me quieres, te escabulles cuando quedamos y ni siquiera te dignas a hacerme un favor.
La vida es dura, chica, me chocaré contra titanes y caeré como una fracasado, pero a pesar de estar en el fondo, estaré más alto que tú. Creo que falta coherencia en estas palabras, que no llegan a las 10 líneas, pero, ¿quién ha dicho que tenga que haberla?
-Te hartas de la coherencia porque eres alocado y feliz, deja que la gente siga llevando la razon y disfruta de tu pequeño mundo en el cual todos tus pensamientos bailan libremente. Tal vez la clave sea seguir siempre riendo, aun cuando llores.
Fran Faura Sánchez
Tal vez me suene tu cara, pero cuando te vea por la calle pasaré de largo. Tú me has roto, pero también es verdad que me vuelves a arreglar. Pero ya no quiero más reparaciones de tu parte, me cansas, me odias, aunque digas que me quieres, te escabulles cuando quedamos y ni siquiera te dignas a hacerme un favor.
La vida es dura, chica, me chocaré contra titanes y caeré como una fracasado, pero a pesar de estar en el fondo, estaré más alto que tú. Creo que falta coherencia en estas palabras, que no llegan a las 10 líneas, pero, ¿quién ha dicho que tenga que haberla?
-Te hartas de la coherencia porque eres alocado y feliz, deja que la gente siga llevando la razon y disfruta de tu pequeño mundo en el cual todos tus pensamientos bailan libremente. Tal vez la clave sea seguir siempre riendo, aun cuando llores.
Fran Faura Sánchez
lunes, 13 de junio de 2011
Me quedo solo.
Acabo de escribir hasta la página 100 y no acabo de encontrar el sentido de este texto tan singular, sin lector alguno que se sienta capaz de sentir lo que yo he sentido al deleitar mis pequeños versos de amor por esta preciada canción. Me observan desde arriba mientras yo, sin que se note mucho mi presencia, los miro desde abajo. Yo entre sombras y ellos desde el cielo vuelan por mares de seriedad y extrañamiento. Sin pasión ni tradición, no sienten nada: "No sirvo para esto, qué depresión". Escribo al sentimiento y me arrastra su desvelo hacia el fin de esta mesura que desemboca, convaleciente, en la ternura.
No me quedan palabras para continuar por la 101, no tengo lectores que se atrevan a continuarme, tampoco sé a quién deleitar sino es a aquéllos que ya seguí al fabricar esta joven pero ingrata sensación. Nadie los quiere, nadie me aguanta. Ya no sé cómo explicar lo que siente, ya no sé... cómo navegar por mares desconocidos. No encuentro lámparas ni espejos por este sendero deshabitado. Todas mis cerillas se han consumido, no hay antorcha que se resista y vuelvo a estar sólo frente a la inmensidad. Me quedo solo, nadie me acompaña.
Acompañado por la melancolía y la soledad, abrazados al compañerismo y a la seriedad, en un mundo incoloro, trasteado por el blanco y el negro. Ya no queda nada, me encuentro solo. Guiado por la marea del paisaje tan oscuro e inmenso, me veo solo. Las ideas aletean una y otra vez a mi alrededor pero no soy capaz de acariciarlas, no vuelan por el lugar en el que yo me encuentro. Ya no queda nada en este sitio, solo estoy y solo acabaré como esto siga así.
Rodeo el lugar con mi barca sin remo, la soledad para un sitio, la melancolía para otro, pero todos juntos, sin separarnos. Dando vueltas en un río en calma, inmerso en la oscuridad, perdido en una cueva sin luces que me guíen. Será mejor que permanezca callado a la espera de que un nuevo lector sea capaz de encontrarme porque alguien quedará que se interese por aquellos viejos poetas. No por mí, sino por ellos. Mientras tanto, continúo a la espera como un alma encadenada al abandono, pero no por mucho tiempo más.
CCuencaP
sábado, 11 de junio de 2011
Mátame, mátame a latigazos de odio que descargues con furia desmedida en mi cuerpo de cera y mi corazón de piedra.
Cógeme en tu mano y manéjame, úsame, entretente conmigo, haz lo que quieras. Utiliza mi vida para tu diversión, llora en mí y tírame luego a la basura. Haré lo que tú me pidas, me ataré a una cuerda y me dejaré tirar. Asumiré un bozal que me impida hablar y sufriré anclada a unas esposas y dos cadenas que entorpezcan mi caminar.
Ódiame. Quema mi bucólica vida de desprestigios y sueños de ladrillo que se desmoronan en la pared. Escupe en mis sonrisas negras y hasta arriba de ceniza, ahoga todas mis lágrimas para que nadie sepa que lloro.
Disfrázame de aire y hazme cometa para dibujar en el viento. Viola mis ojos y fóllatelos hasta un placer orgásmico a las cuatro de la madrugada, y luego, abandónalos desnudos entre contenedores borrachos.
Átame al tronco de un arce y dejáme morirme en flor, y salir capullo sin cáliz y sin vestidos de hojas y lunas llenas.
Desnúdame más allá de lo terrenal, y expón mis miedos en carteles de papel de regalo por todos los tejados de la ciudad.
Hazme dormir en cama de ascuas, y acuéstate a mi lado barnizado en escarcha y hielo; y juega a enfriar el fuego y a calentar el témpano. Sedúceme hasta la locura y rásgame los labios con un único beso. Vete y déjame hacer el amor con tu presencia y míranos desde la esquina, olvídate y vuelve para hacerme ver que no hago el amor, que el amor me hizo a mí.
No aceptes que salte a tus abrazos para abrir de piernas un deseo incandescente, y cierra mi boca con dos dedos que sueltan mis brazos al suelo. Sólo aprueba un onanismo ante tu mirada, no me des más.
Consiénteme el placer de enajenar tu razón por un grito de culminación en mis manos mientras tu indiferencia nace en tu palma, y te fuerza sin querer a masturbar un deseo.
Hazme cautiva de una cárcel del cielo, y sube todos los días a dormir a la luna mientras juego en los tejados con los gatos pardos.
Ponme grilletes y exhibe mis errores en un diccionario de disparates. Recuérdale a todo el mundo mis mentiras y oblígales a mirarme con desprecio y soberbia.
Mátame de vanidad y cólmame de orgullo.
Desbórdame de neutralidad, y pasa por mi lado sin mirarme todos los días. Atraviésame con la mirada y dispárame a bocajarro.
Omite aludir a mi nombre, y otórgame un número de serie. Ponme en fila detrás de los cacharros de cocina, el diván, y los papeles del escritorio.
Hazme fotos con una Polaroid 95, y revela los negativos a la luz del sol para matar los espectros de mis sombras, y que se pierdan en la historia.
Mata al pianista.
Cruzifícame en un alambre. Envuélveme en mimbre, y hazme collares de celdas de uranio.
Haz mi corazón con el plástico de un paquete de tabaco, y colócaselo a un espantapájaros en el lado derecho de pecho.
Escandílame con el fuego fatuo de una bomba incendiaria. Taúame en la sangre un reguero de palabras malsonantes, y señálame en mitad de una plaza abarrotada como alguien que nadie aconseja. Una mala compañía.
Humíllame llevándome a gatas por las aceras, con un lazo al cuello y un candado en el pecho.
Pégame un tiro en el estómago.
Escíbeme una canción.
Hazme un funeral, y cántamela.
Deja que se acabe el disco, y dale la vuelta. Ráyalo.
Mátame.
Mátame.
Pero nunca.
Nunca.
Dejes de existir.
enc.
Cógeme en tu mano y manéjame, úsame, entretente conmigo, haz lo que quieras. Utiliza mi vida para tu diversión, llora en mí y tírame luego a la basura. Haré lo que tú me pidas, me ataré a una cuerda y me dejaré tirar. Asumiré un bozal que me impida hablar y sufriré anclada a unas esposas y dos cadenas que entorpezcan mi caminar.
Ódiame. Quema mi bucólica vida de desprestigios y sueños de ladrillo que se desmoronan en la pared. Escupe en mis sonrisas negras y hasta arriba de ceniza, ahoga todas mis lágrimas para que nadie sepa que lloro.
Disfrázame de aire y hazme cometa para dibujar en el viento. Viola mis ojos y fóllatelos hasta un placer orgásmico a las cuatro de la madrugada, y luego, abandónalos desnudos entre contenedores borrachos.
Átame al tronco de un arce y dejáme morirme en flor, y salir capullo sin cáliz y sin vestidos de hojas y lunas llenas.
Desnúdame más allá de lo terrenal, y expón mis miedos en carteles de papel de regalo por todos los tejados de la ciudad.
Hazme dormir en cama de ascuas, y acuéstate a mi lado barnizado en escarcha y hielo; y juega a enfriar el fuego y a calentar el témpano. Sedúceme hasta la locura y rásgame los labios con un único beso. Vete y déjame hacer el amor con tu presencia y míranos desde la esquina, olvídate y vuelve para hacerme ver que no hago el amor, que el amor me hizo a mí.
No aceptes que salte a tus abrazos para abrir de piernas un deseo incandescente, y cierra mi boca con dos dedos que sueltan mis brazos al suelo. Sólo aprueba un onanismo ante tu mirada, no me des más.
Consiénteme el placer de enajenar tu razón por un grito de culminación en mis manos mientras tu indiferencia nace en tu palma, y te fuerza sin querer a masturbar un deseo.
Hazme cautiva de una cárcel del cielo, y sube todos los días a dormir a la luna mientras juego en los tejados con los gatos pardos.
Ponme grilletes y exhibe mis errores en un diccionario de disparates. Recuérdale a todo el mundo mis mentiras y oblígales a mirarme con desprecio y soberbia.
Mátame de vanidad y cólmame de orgullo.
Desbórdame de neutralidad, y pasa por mi lado sin mirarme todos los días. Atraviésame con la mirada y dispárame a bocajarro.
Omite aludir a mi nombre, y otórgame un número de serie. Ponme en fila detrás de los cacharros de cocina, el diván, y los papeles del escritorio.
Hazme fotos con una Polaroid 95, y revela los negativos a la luz del sol para matar los espectros de mis sombras, y que se pierdan en la historia.
Mata al pianista.
Cruzifícame en un alambre. Envuélveme en mimbre, y hazme collares de celdas de uranio.
Haz mi corazón con el plástico de un paquete de tabaco, y colócaselo a un espantapájaros en el lado derecho de pecho.
Escandílame con el fuego fatuo de una bomba incendiaria. Taúame en la sangre un reguero de palabras malsonantes, y señálame en mitad de una plaza abarrotada como alguien que nadie aconseja. Una mala compañía.
Humíllame llevándome a gatas por las aceras, con un lazo al cuello y un candado en el pecho.
Pégame un tiro en el estómago.
Escíbeme una canción.
Hazme un funeral, y cántamela.
Deja que se acabe el disco, y dale la vuelta. Ráyalo.
Mátame.
Mátame.
Pero nunca.
Nunca.
Dejes de existir.
enc.
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