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jueves, 23 de junio de 2011

El espejo

Vivía en una sociedad asquerosa, llena de rolles, de chicas 10, de caderas, pechos y culos perfectos. Ella no estaba nada mal, pero la envidia de las otras le destrozó la vida (y ni se enteró de los esquivos sentimientos de las demás).
Todos los días oía lo mismo:
Come menos, no te cabrá el bikini, no hay modelos con tu talla, ponte a dieta...
Una autoestima tan baja como la suya no podía soportar los falsos consejos de sus camaradas.
Esta triste historia comienza con una dieta. Todas las chicas hacen una dieta alguna vez. Lo malo es que ella no seguía el papel: comía menos de lo indicado.
Pasaba mucha hambre y la voluntad iba desvaneciéndose, pero ella era fuerte y salía a correr, mascaba chicle, se arañaba, gritaba...
Las semanas trascurrían y su dependencia al peso iba en aumento. Sentía asco por ella misma. Su perfil le aterraba; observaba las líneas imaginarias de su vientre. No pudo más y empezó a golpearse la barriga con tanta rabia que acabo exhausta tirada en la cama.
Se había convertido en una pluma indefensa que se iba dirigiendo poco a poco a las profundidades del océano.
Era realmente asqueroso ver sus huesos marcados en la piel. Daba pena; ya no salía; se sentía cansada y sin fuerzas.
Cuando sus amigas iban a verla sólo hablaba de comida y calorías. Éstas se cansaron de visitarla y sus padres no la molestaban porque pensaban que estaba estudiando.
Se sentía muy desamparada, pero había rabia en su interior por todo el mundo: no le hacían caso, la ignoraban, ya no la querían. Sólo jugaban con ella.
Corrió hacia la cocina para comer de todo lo que había: nada le apetecía realmente, pero comer la alivió... hasta que rompió a llorar. La culpa la atormentaba. Todo el esfuerzo había sido en vano. Tenía que volver atrás y encontró la manera de hacerlo.
Encerrada en el baño vomitó todo lo que había engullido. Sin embargo, la pesadez continuaba dentro de ella. Recurrió al laxante del botiquín y su efecto fue inmediato.
Al mirarse al espejo, éste le respondió con que a pesar de todas las soluciones para arreglar el daño, éste se reflejaba en su vientre.
Su imagen la llevó a la desesperación y tras dar un fuerte golpe en el espejo, cayó despavorida con la mano empapada en sangre.
Y todo por culpa de una repugnante sociedad que se basa en unos modelos físicos y de conducta.

Mª Ángeles Cruz Solana

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