Acaba de sacar a la melancolía a pasear mientras se eleva sobre tejados de baldosas aterciopeladas mal puestas. Cojean como su palabra en el desvelo de una nube que me airea los silbidos de las hojas de aquel negro roble. Grita mil esbozos contra una pared de silicatos encrustados en dos montes tricolores. Al llegar a la esplanada, su compañera de caminos ladra hacia la nada y yo sueño que es de día cuando, aún siendo de noche, sigo de guía y ellos lanzan al aire su reproche. "Caminante sólo hay niebla, melancolía se acobarda".
Van sembrando mis palabras en este campo de aguanieve y una estrella riega las semillas cubiertas con una leve capa de caramelo. Su dulzura nacerá al son de los cuatro vientos y al cantar de las hojas que escuchan mi canción. El dios Sol abrirá una nueva campaña y Luna matará sus últimos rayos castigados sobre mareas de versos perdidos. "Un poeta que no espera y una estrofa que aún no ha sido escrita".
Ahora suena un leve sonido desde la lejanía. Unos oídos oyen pasos, tambores en la distancia que hacen recaer la maldición de un miedo terrible encadenado al abandono. ¡Pum, pum! Poco a poco, van cayendo en el olvido. Poco a poco, se van acercando a mí. Una melodía que resuena ante mi persona. Una lenta, vieja, suave, estrepitosa y angustiosa canción que hace que mi mente se quede en blanco mientras la oigo sonar. Un poeta que se queda sin versos, una persona encerrada sin ideas. Ya no queda nada en aquella cafetera. El café ya ha subido y la canción ha concluido. "¡Que se acabe la canción!", un nuevo texto ha de ser escrito, una estrofa aún por terminar y la puerta se abre sin cesar: "Me voy a pasear a..."
¿A quién?
CCuencaP
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