al principio un libro en blanco describía sus labios. tuve miedo de la hoja largas horas. entonces uno de los dos escribió la primera letra y de repente ríos de palabras hermosas tintaron nuestras bocas.
-Dame un segundo, un instante que pueda recobrar mis brazos, mis piernas, que intente averiguar dónde han caído mis ojos, recordar en que lugar tenía yo mi ombligo, dame un momento, que sepa con certeza si alguna vez he estado viva- no quedaba aire suficiente para sus nuevos pulmones, llenos de algo que se atreve a llamar tinta.
Rota, eclosionada, arrancada del suelo: ahora es parte de la nube tóxica que aún asesina ciervos por el sur de Ucrania. Y los niños juegan a no ponerse mascaras antigás, y las plantas juegan a no salvar a la humanidad, y los dinosaurios quieren ya volver al juego.
Y apenas nos importa.
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